La nueva burbuja de los pisos de alquiler

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Se ha disparado el precio de la vivienda de alquiler, punto crucial de nuestra economía, fuente de pingües beneficios a costa de que los partidos políticos hayan legislado para que promotores y constructores se «forraran», para que «Juan Pueblo», como siempre, siguiera siendo el gran pagano – que paga- y además se quedara sin tener una vivienda.

Madrid tiene ya 300.000 viviendas de alquiler (el 23,8% de las viviendas). De media, el arrendatario entrega a su casero más de la mitad de sus ingresos mensuales, según un estudio realizado para la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS). Los arrendatarios gastan de media 800,5 euros al mes en la renta. Estos gastos comprenden además del alquiler, 583 euros mensuales de media, 68,8 euros mensuales de electricidad, 73,3 euros de gas y 130 euros de media de comunidad. En teoría, la recomendación para tener unas finanzas saneadas es que la renta no supere más del 30% de los ingresos, pero los madrileños se gastan de media un 49,1% en el alquiler.

Los ingresos medios de los hogares madrileños, según el mismo estudio, son de menos de 1.500 euros al mes. Pero en el extremo se encuentra el 31,8% de los hogares que no tiene a ninguna persona activa entre sus miembros y el 37,6% en el que todos son desempleados.

El Ayuntamiento calcula una demanda de vivienda de unos 71.000 hogares, bien porque están buscando activamente o han expresado que quieren buscar, bien porque las características de sus casas no son adecuadas. Algo más de la mitad de esa demanda (el 50,9%) es “insolvente”, según el estudio municipal. Esa población “requeriría ayudas públicas u ofertas de vivienda a precio reducido” para que la demanda quedase cubierta, señala el informe.

Lo que ha ocurrido con la vivienda en nuestro país es uno de los mejores botones de muestra del sistema que nos gobierna en el que la banca y los fondos de inversión ocupa un lugar predominante. Hasta la prensa económica de Wall Street mostró su asombro por los privilegios con los que contaba la banca en nuestro país pues ninguna banca del mundo tenía tantas facilidades legales para quedarse con el patrimonio de las familias.

Ningún partido político ha puesto coto al entramado corrupto de constructoras, políticos, bancos y fondos de inversión internacional creadores de la burbuja inmobiliaria de hace unos años. Y mientras, muchas familias desahuciadas se fueron al mercado del alquiler y, al seguir en el paro y no poder pagar, han vuelto a ser desalojadas.

La regulación de los alquileres y las hipotecas son una cadena usuraria que atenaza a la sociedad y que no parece tener un horizonte claro de solución. Y mientras uno de cada cuatro contratos de trabajo que se firman hoy en España tenga una duración de una semana o menos, el impago de alquileres e hipotecas va a seguir creciendo.

La situación del trabajo y la vivienda, junto con la usura nos hacen ver que la España de principios del siglo XXI tiene planteada la necesidad de una solución revolucionaria a la crisis.

Todas las reformas de estos últimos años, se han mostrado ineficaces del todo para que la sociedad pueda defenderse de la hegemonía de los poderosos. En el nuevo escenario político que se nos dibuja ¿hay alguien decidido a cambiar este orden de cosas?

Fuente: Revista Autogestión

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