Hijos contra padres

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Juan Forja

Aumenta la violencia de hijos a padres en Madrid

La violencia filio-parental es aquella en la que de manera reiterada se dan agresiones físicas, psicológicas, verbales y/o no verbales, así como económicas, por parte de los hijos hacia sus progenitores u otras personas de su núcleo familiar.

En la Comunidad de Madrid, durante 2018 se abrieron 686 expedientes a menores por delitos por este motivo, lo que la sitúa como la tercera comunidad que registra más casos, por detrás de Andalucía y Comunidad Valenciana. En la última década se ha multiplicado un 400 por ciento las denuncias de padres a hijos por haberles maltratado.

A pesar de que se trata de un “grave problema social”, más allá de lo que pueda aparecer en algunos shows de televisión, permanece en la sombra la mayor parte de las veces. Se estima que solo se denuncian los casos más graves, entre un 10 por ciento y un 15 por ciento del total, por lo que estamos hablando de un problema en la mayoría de las ocasiones oculto.

¿Por qué sucede?

Las personas que ejecutan este tipo de violencia tienen una intencionalidad. Los chicos y chicas que agreden a sus padres lo hacen porque a través de la agresividad (maltrato psicológico y la violencia física) quieren conseguir cosas, a ello se asocia una conducta paternal para evitar el conflicto y  la no aceptación de la autoridad por parte de los hijos.

La media de edad de los hijos/as que agreden a sus padres es de 15 años y medio, mientras que la edad media de sus progenitores es de en torno a los 46 años y medio.

En el 74,01 por ciento de los casos, los hijos agresores disminuyen su rendimiento escolar y en el 16,81 por ciento de los casos, los chavales han sufrido acoso escolar o ‘bullying’.

En el  63 por ciento de los casos la violencia es ejercida por los hijos, mientras que en el 37 por ciento es por las hijas. Los chicos suelen ejercer una violencia más física, mientras que las chicas lo hacen más a nivel psicológico y a nivel emocional.

En el 40,87 por ciento de los casos los hijos han sido testigos de algún tipo de violencia.

Por último, en el 64,35 por ciento de las ocasiones, los jóvenes agresores presentan algún tipo de adicción, en especial relacionado con el consumo de cánnabis.

Este tipo de situaciones están relacionadas parcialmente con la forma en la que se educa a los niños: la mayoría de padres y madres se enfrentan al desafío de la educación con mucha voluntad e ilusión, pero no siempre con las ideas claras. Educar a un hijo es una ardua tarea que se complica muchísimo más si los hijos o hijas han nacido con un temperamento difícil. Es  necesario saber poner límites, teniendo en cuenta los diferentes periodos evolutivos por los que atraviesan, y supervisar que no se rebasen dichos límites e imponer consecuencias cuando se transgreden. De la misma manera, es de gran relevancia escuchar a los hijos y, conforme se van haciendo mayores enseñarles a ser responsables y a tolerar la frustración.

Pero estas situaciones también se dan porque la familia está dejando de ser la piedra angular del edificio social. Este sistema capitalista depredador ha puesto su punto de mira en la destrucción de la familia. Se busca su debilidad que se manifiesta cada vez más en la realidad de multitud de familias rotas, por el paro y la precariedad laboral, por los divorcios y separaciones, por el alcoholismo y demás dependencias, por la violencia, por los suicidios, por los hijos abortados o abandonados,… Sin la familia organizada en “familia de familias”, la persona queda destrozada, clausurada en si misma e incapaz de un desarrollo solidario que le permita construir sociedad, de oponerse a cualquier agresión externa que recibe del poder político, económico y mediático que conforman y sostienen el sistema actual. 

¡Construyamos juntos familia de familias!

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