El mercado negro de Glovo

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La falta de control provoca que los antiguos repartidores de Glovo saquen beneficio alquilando sus licencias a «sin papeles» generando un tráfico ilegal de licencias entre los «riders» que trabajan a diario en Madrid. Los dueños de las cuentas son en su mayoría venezolanos que obtuvieron las licencias hace dos o tres años y ahora las alquilan a sus paisanos recién llegados. Los realquilados, que no cuentan con ningún tipo de seguro y protección, tienen que pagar hasta un 30 por ciento de sus ingresos a los trabajadores «oficiales».

Además, del monto restante se deberá descontar la cuota de autónomos y el mantenimiento del vehículo utilizado para el reparto, junto con la gasolina.

La empresa, fundada cuatro años atrás en Barcelona, cerró 2018 con una facturación cercana a los 80 millones de euros, un 79 por ciento más que en el ejercicio anterior. En España, los pedidos a Glovo crecieron un 217 por ciento.

Frente a esta economía que tuguriza el trabajo, es necesario recuperar el verdadero valor del trabajo humano frente al crecimiento exponencial de la precarización (el 48% de la población activa española son trabajadores parados o temporales), y avanzar hacia un modelo de desarrollo en el cual la riqueza humana prevalezca sobre la material.

Fuente: Revista Autogestión

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